Repensar la participación de los países latinoamericanos en la Segunda guerra mundial: hacia una nueva interpretación del papel de los «aliados olvidados»

00:10 19.05.2015


  

Profa Dra Liudmila Okuneva, profesora titular de la Universidad de las Relaciones Internacionales adjunta al Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación de Rusia (Universidad MGIMO) Jefa de investigación del Instituto de América Latina de la Academia de ciencias de Rusia


Rusia conmemora el 70 aniversario de la victoria sobre el nazismo. El Día de la Victoria era, es y sigue siendo una de las fiestas más significativas de nuestro país. Apreciamos altamente la solidaridad de Cuba cuyo líder Raúl Castro estuvo presente el 9 de mayo en la capital rusa. Sin la Unión Soviética no se podría derrotar la Alemania hitleriana. La Unión Soviética sufrió enormemente durante la guerra, pagando la Gran Victoria con el altísimo precio – 27 millones de vidas de ciudadanos soviéticos. Fue el país que llevó sobre sus hombros la mayor pesadez de la guerra.

Desgraciadamente muchos en el mundo entero de hoy intentan reescribir la historia, tratando de disminuir el papel de la URSS o falsear los hechos históricos vinculados con la Segunda Guerra Mundial. 70 años después de la Victoria aparecen grupos y movimientos políticos que actúan bajo las consignas del fascismo, racismo, nacionalismo radical, extremismo. Es por eso que debemos continuar y profundizar nuestras investigaciones para dar el cuadro auténtico de la Segunda Guerra Mundial, de la heroica lucha y sacrificios del pueblo soviético, para hacer recordar las dramáticas enseñanzas de aquella guerra.

En el mes de febrero de 2015, en la reunión plenaria de la 69 sesión de la Asamblea General de la ONU, por iniciativa de la Federación de Rusia fue aprobada la resolución “El 70 Aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial”. Entre los 83 Estados-coautores de dicho documento está Cuba. Todos los que firmaron la resolución están unidos en la percepción de la Gran Victoria como un valor común para toda la humanidad.

Al mismo tiempo cabe mencionar: apreciando altamente e incondicionalmente el papel primordial de la URSS en la derrota de la Alemania hitleriana no podemos ni debemos olvidar o pasar por alto las actividades y participaciones de los demás países, miembros de la coalición antihitleriana, en la lucha común contra el fascismo. A pesar de que en Rusia los investigadores-latinoamericanistas conocen bien el papel de los países latinoamericanos, para los demás, sin hablar del total de la población, esta página de la Segunda Guerra Mundial se está presentando como un verdadero misterio, es absolutamente desconocida. Y tal visión no es justa: apreciando el papel indiscutible de la URSS en la destrucción de las hordas hitlerianas no hay que despreciar el de los Aliados, incluso los Aliados latinoamericanos. Por eso repensar la participación de los países latinoamericanos en la Segunda Guerra Mundial, darla una nueva interpretación, reescribir la historia de dicha guerra – no falseando los hechos históricos, sino incluyendo en su marco a todos los que dieron su contribución y aporte para combatir al enemigo común, hacer borrar para siempre de nuestros libros y publicaciones la expresión "aliados olvidados" – porque ningún país-aliado debe ser olvidado – parece que es precisamente en esto debe consistir el papel de los historiadores de aquella guerra. Otramente dicho, la nueva interpretación reside en la nueva óptica, en la nueva metodología del análisis que permita incluir a todos los combatientes y opositores a los hitlerianos en el contexto común de la historia de la Segunda Guerra Mundial.

En este sentido vale la pena llamar la atención al hecho de que hace poco fue publicado en Rusia el interesantísimo libro de autoría del presidente del Instituto Bering-Bellingshausen para las Américas (IBBA) Serqey Brilev bajo el titulo “Los Aliados olvidados en la Segunda Guerra Mundial” dedicado al análisis del papel de los así llamados “pequeños países” latinoamericanos en la Segunda Guerra Mundial – el fenómeno hasta ahora poco conocido en nuestra ciencia histórica[1].

Al día siguiente de la entrada de los EEUU en la guerra, los días 8 y 9 de diciembre de 1941, fueron Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, Haití, República Dominicana y Ecuador los que declararon la guerra a los países del Eje. El 1 de enero de 1942 estos países fueron entre otros los que firmaron la Declaración de las Naciones Unidas acerca de los objetivos antifascistas y emancipadores de la guerra. México, Colombia y Venezuela aún en el diciembre de 1941 rompieron las relaciones diplomáticas con la Alemania y sus aliados. La III Cumbre de los cancilleres de los países americanos en Río de Janeiro (enero de 1942) dio recomendaciones a los demás países de romper las relaciones diplomáticas (así como económicas y comerciales) con el Eje. El Brasil lo hizo el 28 de enero 1942. En el mayo de 1942 México declaró la guerra a Alemania, el 22 de agosto de 1942 lo hizo el Brasil, en 1943 lo hicieron Bolivia y Colombia. El primer país que estableció las relaciones diplomáticas con la URSS fue Cuba en el octubre de 1942, en el noviembre del mismo ano lo hizo México, en el enero de 1943 – Uruguay.

Hay muchos hechos que evidencian la participación de los países latinoamericanos en la guerra: los hundimientos de los submarinos alemanes, la detección de la presencia y el arresto de los agentes hitlerianos, la concesión de los territorios para las bases militares de los Aliados, el suministro de combustible, materiales estratégicos, alimentos y otros recursos. La aviación mexicana participó en la guerra del Pacífico y 14 mil hombres combatieron como parte de las fuerzas norteamericanas.

Para comprobar la idea de que no puede haber “aliados olvidados” quisiera citar como ejemplo dos casos – los del Brasil y de Cuba que a pesar de ser muy diferentes certifican lo mismo.

Brasil fue el único país que envió una fuerza expedicionaria a combatir en el teatro de guerra europeo[2]. Durante los primeros años de la guerra Brasil se mantuvo neutral pero inmediatamente después de la Conferencia de los cancilleres de los países americanos de Río de Janeiro del enero de 1942 rompió relaciones diplomáticas con las potencias del Eje. En represalia, la Alemania nazi y la Italia fascista extendieron su campaña de guerra submarina al Brasil, y después de meses de continuo hundimiento de navíos mercantes brasileños y tomando en cuenta la intensa presión pública, el gobierno les declaró la guerra el 22 de agosto de aquel año. En julio de 1944 se envió una fuerza expedicionaria (la FEB) para combatir en Europa. La FEB fue conformada por 25 mil hombres que actuaron en los frentes de Italia, rompiendo la famosa “línea gótica” y liberando de la ocupación nazi varias ciudades de las regiones norteñas de Italia. También actuó en Italia el cuerpo de aviones caza que formó parte de la Fuerza Aérea norteamericana. Los soldados y oficiales brasileños no sólo combatieron sino sufrieron bastante: el enero de aquel ano 1945 fue muy frío con 20 grados negativos lo que fue insoportable para los habitantes del país sureño.

Aquí está un buen ejemplo de cómo el mismo Hítler fue sorprendido por la actitud del Brasil (porque ya contaba con este país en sus futuros planes de la conquista global). Estuvo tan persuadido de que este país nunca entrara en la guerra que dijo: “Mas bien la cobra fume que el Brasil pelee en la guerra”. Es por eso que el mayor símbolo de la FEB es precisamente aquella cobra que está fumando la pipa. Y las palabras debajo “Y la cobra fumó” (“E a cobra fumou”) dan a conocer que el Brasil sí entró en la guerra al lado de los Aliados.

Más de 2 mil soldados brasileños fueron heridos y 454 perecieron. Fue erigido el impresionante monumento a los miembros de la FEB en Río de Janeiro, la capital del Brasil de aquel entonces.

Tales son los hechos reales de la participación brasileña. Pero además de eso hay importantes lecciones del comportamiento de este país frente a los desafíos de la época bélica. Lo que es interesante y poco conocido en los países europeos – y lo que da aún más importancia al hecho de que finalmente el Brasil acabó entrando en la guerra – es el mismo ambiente histórico en el marco del cual fue tomada dicha decisión. Es que las elites gobernantes del Brasil de aquel entonces simpatizaron al modelo fascista de los países del Eje. El régimen getulista (“Estado Novo”) se inspiraba mucho en las ideas y la política del Tercer Reich. Lo que les atraía a los dueños del poder brasileños de aquella época fueron los importantes componentes de la ideología fascista, sobre todo tales como la idea del Estado fuerte capaz de oponerse a las fuerzas externas, el ideario de la fuerte nación unida en comprensión de su identidad y de su superioridad frente a las influencias políticas y culturales viniendo desde afuera, en fin – la unión de la nación en su totalidad frente al extranjero ajeno. Para los grupos dominantes pro fascistas este factor ajeno, explotador, que traía consigo dependencia y atraso, lo encarnaba no la Alemania sino los EEUU y la Gran Bretaña – mayores fuentes del capital extranjero que avasallaba la economia nacional. Eso explica que las elites políticas brasileñas (así como las demás latinoamericanas) fijaban sus miradas en los fascismos europeos y sus ideologías capaces, según el modo de ver de dichas elites, hacer los latinoamericanos oponerse al dominio económico anglosajón. Y es precisamente por eso que vale la pena apreciar la madurez política y el fuerte sentido nacional, la profunda compresión de los inalienables intereses nacionales, la visión estratégica de Vargas. El por su parte tenía vacilaciones, dudas, simpatías pro hitlerianas (hasta le felicitó a Hítler con motivo de sus conquistas en el continente europeo cuando los países uno tras otro caían bajo las ofensivas e invasiones alemanas); él mantuvo el juego político a la vez con la Alemania y los EEUU tratando de ganar los créditos más ventajosos para financiar los proyectos industriales brasileños. Pero tras todo eso y a pesar de todo esto Vargas por último supo alzarse encima de todas las incertidumbres, de las presiones de los que trataban de inclinarlo hacia los grupos pro hitlerianos (bastante poderosos dentro de la clase gobernante brasileña y dentro del gabinete de ministros mismo); él supo entender que el futuro de su país y la posterior grandeza del Brasil serán vinculados no con su apoyo al fascismo sino con su alineamiento en favor de los Aliados. Y así fue tomada la decisión – que en el contexto de todo lo mencionado puede estar considerada de histórica – de romper las relaciones diplomáticas con los países del Eje, de declarar la guerra a la Alemania e Italia y después – de enviar una fuerza expedicionaria para combatir en Europa.

Y una enseñanza más. El Brasil, lejos de las tempestades militares y sangrientas batallas, aislado por la misma naturaleza (el océano) del conflicto bélico mundial podía ir resolviendo poco a poco, paso a paso sus propios problemas domésticos a la sombra de las palmares reales y disfrutando del susurro regular del oleaje oceánico. Al tomar la decisión de la cual estamos hablando Vargas se hizo un verdadero gran hombre político. La participación del Brasil en la guerra manifiesta cómo – en el momento fatal para toda la humanidad – el líder político supo encontrar el lugar de su país en el concierto de las potencias globales y comprender que en la encrucijada de la historia, frente al enemigo mortal de toda la humanidad, los intereses nacionales y soberanos del país residen no en cumplir “los deberes de casa” sino en alinearse en un frente unido contra el enemigo común.

Dicha enseñanza brasileña nos hace repensar las cosas que van mucho mas allá del simple episodio militar. Esta es la mayor conclusión que nos presenta la historia de la participación brasileña en la Segunda Guerra Mundial ofreciéndonos vastas posibilidades de las nuevas interpretaciones de los acontecimientos o procesos que consideramos ya bien conocidos.

Dirijámonos ahora hacia el segundo caso – al de Cuba. Cuba hizo una digna contribución a la lucha común contra el nazismo. Se derramó la sangre de los marineros cubanos que abastecían los Aliados con las materias primas estratégicas en el Golfo Mexicano. El contraespionaje de Cuba junto con el apoyo de los grupos nacionales de vigilancia logró a liquidar a un espía alemán, así como a la red de organizaciones pro fascistas y hundir el submarino alemán U-176 en el momento de su caza al buque de carga seca cargada de azúcar para la URSS (este hecho fue descubierto por S. Brilev). Como se mencionó arriba, Cuba fue el primer país latinoamericano a establecer las relaciones diplomáticas con la URSS. Cuba estuvo entre los primeros países que ingresó y participó en la formación de la ONU.

Acudiéndonos al caso cubano pasemos a otra página histórica importante que demuestra la solidaridad de los pueblos, de las sociedades civiles de Latinoamérica con la lucha de la URSS. La heroica lucha de los soviéticos contra la agresión nazi favoreció el nacimiento en muchos países latinoamericanos del movimiento del apoyo a nuestros combatientes. En México, Uruguay, los países de Centroamérica, Chile, Colombia, Venezuela y otros se organizaron los movimientos de solidaridad.

En este sentido el papel de Cuba que dio el amplio apoyo a la URSS y a los aliados merece estar puesto de énfasis. Precisamente en Cuba (sin hablar de México) el apoyo a la URSS tuvo el carácter más activo. Justo después de la invasión de la Alemania en la URSS se organizó en Cuba la campaña masiva del apoyo material a la URSS y a los aliados. Es sabido que tres cubanos – Aldo Vivo, Jorge Vivo y Enrique Vilar – lucharon contra los alemanes en el Ejército Rojo.

Los periódicos cubanos “Mañana”, “Crisol”, la revista “Nosotros”, la agencia “Asociación de la prensa obrera”, radio “Salas” publicaban regularmente los materiales sobre la lucha del pueblo soviético. El director de “Mañana” escribió: “Apreciamos altamente la lucha de Rusia y le deseamos vencer. Los materiales sobre su lucha tienen grandes repercusiones y nuestro auditorio tiene muchas simpatías hacia Rusia”.

El 24 de julio de 1941 tuvo lugar en La Habana una conferencia donde estuvieron presentados los 100 comités habaneros de ayuda y aprobaron la Declaración de solidaridad. El periódico “Noticias de Hoy” recibió más de 1 millón de saludos para la URSS y el Ejército Rojo de la parte de los trabajadores cubanos. 50 grandes representantes de los círculos intelectuales se pronunciaron igualmente a favor de la URSS y manifestaron su completa disposición a ayudar plenamente al país soviético en pleno combate con los hitlerianos. El 27 de julio la Confederación del Trabajo y la Federación de los obreros de La Habana lanzaron un llamamiento para convocar la manifestación donde participaron 40 mil personas. Las manifestaciones del 1 de Mayo y los eventos de celebración de 7 de noviembre tuvieron lugar de1942 a1945.

Fue de mucha importancia la ayuda material. Es bien conocido el hecho cuando los trabajadores cubanos recogieron 1 millón de cigarros y 40 sacos del azúcar para mandarlo todo a la Unión Soviética. Los jóvenes decidieron mandar los alimentos. Y todo esto fue cumplido.

Hay que subrayar que las campañas de solidaridad, la recolección del dinero, de alimentos y de otros productos tuvieron lugar no sólo en la capital sino también en otras ciudades – Santa Lucia, Baragua, San Antonio de los Baños, Cruces etc. Los trabajadores transferían la parte de su salario para comprar carne, cueros, azúcar para los soviéticos. En la provincia de Oriente se formaron en 1942 dos organizaciones antifascistas con el objetivo de ayudar a los países que luchaban contra el Eje recopilando los recursos. Todas las grandes batallas de la Gran Guerra Patria no sólo se fueron conocidas en Cuba sino cada vez se transformaban en un importante pretexto para dar más atención y apoyo a los soviéticos. Podemos encontrar los testimonios de eso en las páginas de muchos periódicos – no sólo de los de la capital sino también de la provincia Oriente donde el periódico “Oriente” durante toda la guerra acompañó los acontecimientos, aclarando el desarrollo y el curso de la guerra y siempre subrayando la fuerza del pueblo soviético, su enorme voluntad de victoria y su carácter invencible. Y precisamente de dicha manera describió la caída de Berlín – como resultado de la heroica lucha de la URSS. Es muy relevante el hecho cuando “Oriente” criticó la posición del “caudillo Franco” que había llamado a los países latinoamericanos a incorporarse a la cruzada contra la URSS. Con eso Franco trató de usar los españoles de América Latina como herramienta en la política nazi[3].

Para concluir tiene sentido subrayar lo mencionado más arriba: no hay ni debe haber “aliados olvidados”, no hay ni debe haber aliados “grandes” o “pequeños”. Todos los que participaron en aquella confrontación histórica de las fuerzas de paz y humanismo y las de guerra y exterminio – todos deben permanecer en nuestra memoria histórica. Juntemos nuestros esfuerzos intelectuales y profesionales en escribir una nueva historia repensada de la Segunda Guerra Mundial que incluya a todos los países y pueblos sin excepción. Con esto daremos una nueva interpretación al mayor conflicto bélico en la historia humana.



[1] Serqey Brilev. Los Aliados olvidados en la Segunda Guerra Mundial. Moscú, Editora Olma Media Group, 2012 (en ruso).

[2] Para más detalles ver Liudmila Okuneva. “E a cobra fumou”, o “el Aliado olvidado”. Las operaciones militares de la Fuerza Expedicionaria Brasileña en Italia // América Latina, 2010, № 5, pp. 23-31 (en ruso). Se puede igualmente acceder al texto del artículo a través del sitio https://www.academia.edu/6890990/%D0%9B.%D0%A1._%D0%9E%D0%BA%D1%83%D0%BD%D0%B5%D0%B2%D0%B0._%D0%98_%D0%BA%D0%BE%D0%B1%D1%80%D0%B0_%D0%B7%D0%B0%D0%BA%D1%83%D1%80%D0%B8%D0%BB%D0%B0_%D0%B8%D0%BB%D0%B8_%D0%97%D0%B0%D0%B1%D1%8B%D1%82%D1%8B%D0%B9_%D1%81%D0%BE%D1%8E%D0%B7%D0%BD%D0%B8%D0%BA_._%D0%92%D0%BE%D0%B5%D0%BD%D0%BD%D1%8B%D0%B5_%D0%B4%D0%B5%D0%B9%D1%81%D1%82%D0%B2%D0%B8%D1%8F_%D0%91%D1%80%D0%B0%D0%B7%D0%B8%D0%BB%D1%8C%D1%81%D0%BA%D0%BE%D0%B3%D0%BE_%D1%8D%D0%BA%D1%81%D0%BF%D0%B5%D0%B4%D0%B8%D1%86%D0%B8%D0%BE%D0%BD%D0%BD%D0%BE%D0%B3%D0%BE_%D0%BA%D0%BE%D1%80%D0%BF%D1%83%D1%81%D0%B0_%D0%B2_%D0%98%D1%82%D0%B0%D0%BB%D0%B8%D0%B8

[3] Todos dichos hechos están citados según la publicación: Maya Okuneva. El internacionalismo y la solidaridad del pueblo cubano con la patria del Gran Octubre // Las relaciones soviético-cubanas 1917-1977. Moscú, Editora Nauka, 1980, pp.43-51 (en ruso).

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