DISCURSO DE LAS LECCIONES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y PARTICIPACION DE HONDURAS

07:23 27.05.2015


El coronel de infantería Arcadio Castillo Martínez

Señores  representantes de los diferentes países.

Tengan ustedes un buen día.

Soy el coronel de infantería Arcadio Castillo Martínez, orgulloso de representar a las Fuerzas Armadas de Honduras y sobre todo a mi País. Dando inicio a mí participación en este prestigiado lugar comenzare mencionando las lecciones aprendidas del conflicto más grande en la historia de la humanidad. En el cual perdieron la vida 60 millones de personas aproximadamente (entre militares y civiles) siendo este un conflicto sin precedentes en el siglo XX.

ANTECEDENTES HISTORICOS

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto militar global que se desarrolló entre 1939 y 1945. En él se vieron implicadas la mayor parte de las naciones del mundo, incluidas todas las grandes potencias, agrupadas en dos alianzas militares enfrentadas: los Aliados y las Potencias del Eje. Fue la mayor contienda bélica de la Historia, con más de cien millones de militares movilizados y un estado de «guerra total» en que los grandes contendientes destinaron toda su capacidad económica, militar y científica al servicio del esfuerzo bélico, borrando la distinción entre recursos civiles y militares. Marcada por hechos de enorme significación que incluyeron la muerte masiva de civiles, el Holocausto y el uso, por primera y única vez, de armas nucleares en un conflicto militar, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más mortífero en la historia de la humanidad, con un resultado final de entre 50 y 70 millones de víctimas.

El comienzo del conflicto se suele situar en el 1 de septiembre de 1939, con la invasión alemana a Polonia, el primer paso bélico de la Alemania nazi en su pretensión de fundar un gran imperio en Europa, que produjo la inmediata declaración de guerra de Francia y la mayor parte de los países del Imperio británico y la Commonwealth al Tercer Reich. Desde finales de 1939 hasta inicios de 1941, merced a una serie de fulgurantes campañas militares y la firma de tratados, Alemania conquistó o sometió gran parte de la Europa continental. En virtud de los acuerdos firmados entre los nazis y los soviéticos, la nominalmente neutral Unión Soviética ocupó o se anexionó territorios de las seis naciones vecinas con las que compartía frontera en el oeste. El Reino Unido y la Commonwealth se mantuvieron como la única gran fuerza capaz de combatir contra las Potencias del Eje en el Norte de África y en una extensa guerra naval. En junio de 1941 las potencias europeas del Eje comenzaron la invasión de la Unión Soviética, dando así inicio a la más extensa operación de guerra terrestre de la Historia, donde desde ese momento se empleó la mayor parte del poder militar del Eje. En diciembre de 1941 el Imperio del Japón, que había estado en guerra con China desde 1937 y pretendía expandir sus dominios en Asia, atacó a los Estados Unidos y a las posésiones europeas en el Océano Pacífico, conquistando rápidamente gran parte de la región.

El avance de las fuerzas del Eje fue detenido por los Aliados en 1942 tras la derrota de Japón en varias batallas navales y de las tropas europeas del Eje en el Norte de África y en la decisiva batalla de Stalingrado. En 1943, como consecuencia de los diversos reveses de los alemanes en Europa del Este, la invasión aliada de la Italia Fascista y las victorias de los Estados Unidos en el Pacífico, el Eje perdió la iniciativa y tuvo que emprender la retirada estratégica en todos los frentes. En 1944 los aliados occidentales invadieron Francia, al mismo tiempo que la Unión Soviética recuperó las pérdidas territoriales e invadía Alemania y sus aliados.

 

La guerra en Europa terminó con la captura de Berlín por tropas soviéticas y polacas y la consiguiente rendición incondicional alemana el 8 de mayo de 1945. La Armada Imperial Japonesa resultó derrotada por los Estados Unidos y la invasión del archipiélago japonés se hizo inminente. Tras el bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de los Estados Unidos y la invasión soviética de Manchuria, la guerra en Asia terminó el 15 de agosto de 1945 cuando Japón aceptó la rendición incondicional.

La guerra acabó con una victoria total de los Aliados sobre el Eje en 1945

 

DENTRO DE ESTAS LECCIONES PODEMOS MENCIONAR

El siniestro recuerdo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) nos sobrecoge a todos aquellos que, aunque no la hayamos experimentado en carne y hueso, tenemos fe y creemos en un futuro mejor para la humanidad. Es a los ingenuos, precisamente, a los que nos llena de terror la repetición de un fenómeno similar, cuando en realidad no queremos percatarnos de que guerras, con casi idénticos propósitos, se viven hoy regularmente en diversas partes del planeta.

La Segunda Guerra Mundial puso en evidencia nuestra enorme capacidad para destruirnos, esta es una verdad, pero nunca se insistirá suficiente sobre la herencia atroz y tenebrosa que nos ha dejado. La industrialización de la muerte a que nos acostumbraron los nazis, lección tan bien aprendida por las tropas de los Estados Unidos y de la OTAN, así como por la vieja URSS y sus secuaces del Pacto de Varsovia, nos enseña que las recomendaciones dadas por Sun-Tzu hace miles de años, en el sentido de que la guerra es un arte, son solo en realidad ilusiones del pasado. La guerra dejó de ser un arte hace mucho tiempo y se nos ha convertido en plena nariz en la mejor de las industrias de que disponen las pretensiones expansionistas del sistema capitalista y su civilización, sustentada esencialmente en la noción de la muerte y sus distintas expresiones.

Desde la Segunda Guerra Mundial, a través de Auschwitz, el hombre se volvió superfluo. Los contornos de deshumanización a que hemos llegado son tales que, hoy, la guerra y la muerte del vecino, se nos han convertido en un pasatiempo que observamos, regocijados, con una gran caja de palomitas de maíz desde el más mullido sillón de nuestra sala. Pero es esa inmutabilidad silenciosa, rémora intolerable de la indiferencia colectiva la que más nos aterra, cuando salvamos nuestras guerras contabilizando los muertos del enemigo no tanto en el campo de batalla, como a partir del hambre, de la contaminación ambiental y de la destrucción de la identidad posterior que podemos propinarle.

 La Segunda Guerra Mundial alteró las relaciones políticas y la estructura social del mundo. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue creada tras la conflagración para fomentar la cooperación internacional y prevenir futuros conflictos. La Unión Soviética y los Estados Unidos se alzaron como superpotencias rivales, estableciéndose el escenario para la Guerra Fría, que se prolongó por los siguientes 46 años. Al mismo tiempo declinó la influencia de las grandes potencias europeas, materializado en el inicio de la descolonización de Asia y África. La mayoría de los países cuyas industrias habían sido dañadas iniciaron la recuperación económica, mientras que la integración política, especialmente en Europa, emergió como un esfuerzo para establecer las relaciones de posguerra.

Las guerras "ambientales" como las llama el eminente filósofo alemán Sloterdijk, herencia sutil de la Primera Guerra Mundial diría él, tan bien aprovechada en la Segunda, son aquellas en las que destruimos físicamente al individuo; le destruimos sus fuentes de agua, de oxígeno, de alimentación y reproducción; pero también le destruimos su identidad cultural y hasta su memoria colectiva como se ha hecho con Irak. En este tipo de guerras es importante que las colectividades sometidas pierdan todos los componentes que las sostienen físicamente, pero también es de extrema relevancia arrebatarles todos los ingredientes que integran y dinamizan su identidad, su memoria, la totalidad de su perfil social y psicológico. Esto lo aprendimos de la Segunda Guerra Mundial.

Esta guerra no sólo dejó en los campos de batalla más de sesenta millones de muertos, sino que la cifra se puede llevar más allá para indicar que las mutilaciones, las frustraciones colectivas, el desempleo y la explotación alcanzaron niveles sin parangón en la historia de Occidente. La destrucción física del medio ambiente, de los escenarios arquitectónicos, de los lazos familiares e, incluso, de los componentes étnicos de varias naciones europeas, reducidas a su mínima expresión, paso a paso, desde la Primera Guerra, sólo nos deja ver apenas un modesto aspecto de la devastadora capacidad de aniquilación que desarrollamos los seres humanos desde las guerras napoleónicas.

 

DECLARACION DE GUERRA POR PARTE DE HONDURAS

Honduras al estallar la 2da. Guerra Mundial, estaba presidida por el Gobierno de General y Doctor Tiburcio Carias Andino, quien había asumido el poder en 1933. En principio el Gobierno Hondureño mantuvo su status de neutralidad, pero después del ataque a Pearl Harbor y por presiones de los Estados Unidos y de los intereses bananeros de la United Fruit Company, amenazados por la presencia de los U-boats alemanes en aguas caribeñas, declara la guerra a Japón el 8 de diciembre de 1941, 24 horas más tarde del ataque japonés y la Declaración de Guerra por parte de Estados Unidos al Imperio nipón. Cuatro días más tarde, Honduras extiende dicha declaración al resto de los países del Eje, Alemania e Italia.

Como resultado del Programa de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease), la aviación hondureña adquirió en una primera remesa, varios aviones que hacían sumar en 18 aparatos las fuerza aérea del país, compuesta por 4 aviones de entrenamiento, 2 tácticos, (entre ellos los viejos Boing 40 modificados para lanzar pequeñas bombas) y 12 aviones de carga; más adelante, dichas fuerzas serían incrementadas con 3 P-38 Lighning y algunos North American NA-16. La Marina de Guerra de Honduras, por su parte, instituida en 1865 durante la presidencia de José María Medina, era minúscula y al comenzar el siglo XX, además de prácticamente inexistente, estaba compuesta por buques anticuados, por lo que el presidente Carias Andino había ordenado la construcción de algunos buques como el “Zambrano”, el “Búfalo” y el “Tigre”.

 

HONDURAS PARTE DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Uno de los eventos que marcaron el siglo XX de una manera negativa fue la Segunda Guerra Mundial. Millones de personas, hombres, mujeres y niños, perecieron cuando la muerte les llegó en tierra, el cielo o el mar. Nuestra nación, al no tener fuerzas militares que se pudieran enviar a los campos de muerte de Europa, Asia o África, no obstante, por medio de ciudadanos civiles, contribuyó al esfuerzo por derrotar a las fuerzas del Eje. Es así como compatriotas, en su mayoría de la costa norte hondureña, se exponen como tripulantes de barcos mercantes, a ser hundidos por los submarinos alemanes que extendían su radio de acción hasta el continente americano y nuestras costas. No creo conocer que alguien se haya dedicado a documentar la vida y muerte de esos valientes catrachos, en parte debido a la falta de archivos e información que nos detallen los eventos necesarios. Se ha encontrado un sitio de internet dedicado a recopilar la historia de todas las acciones bélicas de la flota submarina de Hitler, (KRIEGSMARINE). En ese sitio se pueden encontrar datos como los diferentes barcos civiles y militares atacados, quién lo hizo, la posición geográfica donde ocurrió el ataque, la suerte corrida por el atacante, etc. y, más importante de todo, los nombres y apellidos de los tripulantes de diferentes nacionalidades que sobrevivieron o fallecieron. Algunos de los detalles están incompletos sobre la edad y posiblemente, el nombre o apellido ha sido “americanizado”. De acuerdo a la información, de 1939 a 1945, se han localizado 20 hondureños que como tripulantes de barcos de bandera hondureña u otra, fueron torpedeados o atacados con cañones, e infortunadamente, 14 de ellos murieron, varios en plena juventud.

Carias Andino, se unió a los aliados y envió oficiales pilotos, soldados y marinos a la Segunda Guerra Mundial, uno de los actos más valerosos de los marinos Hondureños fue cuando el barco ¨CONTESSA¨ navega una noche de 10 del mes de noviembre de 1942, había salido del puerto de Lyautey en el Marruecos Francés y llevaba una cargamento de gasolina, municiones y otros pertrechos para las tropas aliadas, cuando fue recibido mediante bombardeo y fuego enemigo, la nave se aventuró en el ataque y lo repelió, llegando a su destino y vaciando su contenido intacto; el General de las tropas aliadas solicito  la Bandera del buque ¨CONTESSA¨ la cual estaba tripulado por marinos Hondureño, y la Bandera azul y blanco con las cisno estrellas fue izada en aquel lugar del norte de África.

También hubo unos pocos hondureños que formaron parte de las tropas aliadas que combatieron contra los alemanes, sus aliados o el imperio japonés. Eso tampoco está formalmente documentado o reportado. Por inferencia familiar lejana, conocemos la actuación del después coronel del ejército hondureño, el doctor Roberto Zepeda Turcios, quien en su juventud se enlistó en las Fuerzas Armadas Canadienses, sirviendo en el Teatro de Operaciones en Italia y posteriormente en Europa. El doctor y coronel Zepeda Turcios escribió tres libros sobre su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, el primero en 1947 titulado “CAMINOS DE RENUNCIACIÓN”, luego en 1951 escribe “DESPUÉS DE LA SIEGA” y por último, en 1976, “HOJA DE ARCE”.

Dentro de las acciones llevadas a cabo por la Fuerza Aérea Hondureña durante la Segunda Guerra, estaban los patrullajes de nuestras costas en el mar Caribe. Es en una de esas misiones, el 24 de julio, 1942, un avión Stinson de la FAH, al mando del teniente Haight, en misión de patrulla, avistó un submarino alemán y le lanzó dos bombas de 60 libras, sin lograr impactarlo. Día después, el 3 de agosto, otro Stinson bajo el mando del teniente Francisco Martínez García y del sargento Armando Murillo Díaz, no regresa de su misión y se cree que fue derribado por un submarino alemán.

Es necesario que nuestras autoridades u otro sector nacional, se preocupen por investigar en los distintos lugares, sitios o documentación, lo ocurrido con los ciudadanos hondureños que ofrendaron su vida en defensa de los valores de la democracia. Posiblemente todavía existan descendientes directos de esos valerosos compatriotas que merecen, en lo mínimo, sea reconocido el sacrificio de sus padres, abuelos, hermanos u otra ascendencia.

 

Es lo menos que podemos hacer por ellos, MUCHAS GRACIAS.

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